A veces...
el mundo se vuelve confuso como la nebulosa de nuestra mente. Arrastramos las estrellas en un racimo de perlas y quedan en nuestra garganta, adornando nuestra piel y ahogando el aire. Un decorado de ilusiones que debieran nunca descolgarse. Como manzanas maduras, rojas y brillantes. Son el deseo del hambre y la belleza. No todas las comeremos, pero ahí deben estar. Recordándonos que el árbol es un ciclo de flor, fruto, madurez y frialdad. A veces, el invierno confunde y el verano ciega. La primavera enamora y el otoño nos hace recordar. Son ciclos, son vidas, somos tiempo y vivencias. Sonreír a la vida y superar la flor, su néctar y alimentarnos del fruto. Amar, soñar y romper barreras que nos impiden avanzar.
Somos ciclos en espiral cónica. Elevación hacia un futuro en el espacio que construimos, arrastrando nuestros momentos, solidificando los cimientos. Del suelo turbio se criba la granza. Las hojas secas solo pasean como vestido elíptico hacia el sol, cayendo en lluvia suave. Desnuda lo que nos llevamos en el tornado de nuestras pasiones. A veces nos confundimos, con vestirnos con trajes fósiles de experiencias pasadas. La vida fluye en el centro, en una elevación que depende de ti y la altura que alcanza.
Texto registrado.
Santi M.