martes, 6 de mayo de 2014
HABLO CON MI PRINCESA. RELATO.
HABLAMOS, PRINCESA.
Llega un momento en el que una madre y una hija hablan de cosas serias.
Llego el día, en que una madre que por circunstancias tuvo que decirle algo importante a su hija de doce años. La madre que tantos caprichos y cuentos había confiado a su hija decidió cortar con la inocencia de su hija.
- Cariño, ya tienes edad para saber que la vida no es un cuento de princesas, que la vida es dura, que existen problemas, que hay gente que sufre. Tu ya lo sabes, pero lo vés desde tan lejos, bajo el amparo de mis brazos, que te parece otro cuento desagradable que puedes desechar y no es así. Debes de tomar conciencia de las cosas que ocurren a tu alrededor, saber distinguir las cosas buenas de las malas y comportarte con algo de cabeza. No todo el chico guapo y simpático es un príncipe azul, de hecho no sé si existe alguno así en realidad. Tú has crecido jugando y aprendiendo cada día, hasta ahora tu vida ha sido un juego agradable, seguro y fácil…pero las cosas cambian.
Su hija la miraba serena. Jugando con sus joyas, sus adornos y en una pausa contestó:
- Mamá ¿por qué me dices esas cosas ahora? Se lo que estás pensando, sé que no solo de juego consiste la vida. Me acuerdo cuando el abuelo nos dejó, murió simplemente como moriremos todos. Ya, cuando eso ocurrió hace tres años, sabía que ocurría, tú me dijiste que se fue al cielo con sus familiares queridos y sé que te sentías mejor pensando que yo vivía aquello de una forma infantil. No solo vosotros hacéis cosas para que nosotros nos sintamos más seguros y protegidos…yo hago igual que tú, intento ser la hija que quieres para que te sientas bien, no siempre soy la hija que crees. Yo he crecido con las cosas que me dabas, me he comportado como la niña que he sido y pienso seguir haciendo las cosas que me gustan, tenga edad o no. Sé que las cosas no son fáciles y que tu lo estás pasando mal en este momento…pero necesitas de mi alegría, no me pidas que renuncie a ser alegre ahora…sería injusto.
La madre quedó algo perpleja al escuchar a su hija….esa niña que se suponía en nubes de algodón tenía parte de conciencia de las cosas que pasaban y sabía expresarlo con sorprendente madurez. Habiéndose dado un giro en la forma de ver a su hija, todas las cosas que tenía pensadas decirle se le hacían más duras y enrevesadas…un poco calmada continuó la madre:
- Amor mío….mamá solo intenta decirte que la vida es bella, que has de vivir con el corazón y disfrutar de las cosas con medida. Que te esperan unos años en los que tu cuerpo cambiará y otras cosas también. Debes estar atenta para que las cosas buenas que han de llegar no se conviertan en cosas malas…tú serás quién maneje tu vida y yo cada vez más, estaré al margen. Así ha sido siempre. Pero recuerda que tu madre siempre estará para lo que necesites. Haz de tener confianza en mí y contarme las cosas, las que creas que debes contar. Otra cosa, te cuento esto porque el otro día te vi tonteando con Roberto, el hijo de la vecina. Sé que solo hablabais pero tú estabas muy tontita…ten cuidado con lo que haces, eres muy joven, puede que tu juego no sea el mismo que los chicos buscan. Por eso quería hablar contigo.
La hija en tono tranquilo cogió la mano de su madre y dijo serena…
- Mamá no tienes que preocuparte en exceso, sé que lo que tenga que ocurrir ocurrirá. Intentaré evitar esas cosas a las que te refieres pero entiende que mi corazón salta de emoción con algunas cosas que antes no ocurrían. Para mí todo ahora es nuevo y sé que mi cuerpo está cambiando…lo veo en mis amigas, ellas también cambian rápidamente. Tu seguramente viviste este paso igual que nosotras. Yo he de vivir el mío y además no quiero renunciar a lo que siempre me hizo feliz a eso que tú me trasmitiste, a tener ilusión. No temas por mí, has sido y eres una buena madre y te doy las gracias. Ahora he de decirte yo algo de hija a madre…
Me he dado cuenta con los años que has estado tan atenta a mí que te has olvidado de ti misma en cierta forma, eres una mujer bella, eres alegre pero se te ha perdido esa niña que aun yo conservo y que tu seguro dejaste un día. Sé que has pasado mucho y no has sentido el amor como lo esperabas…al menos de mi padre. Ya lo conoces, no es malo pero vive en su mundo. El es feliz con pocas cosas y prefiere pensar poco. Te he visto tu mirada triste muchas veces y de pequeña me abrazaba a ti. Antes no sé de dónde venía tu tristeza, ahora cada vez lo entiendo más. Sustituiste, como muchas madres y padres, tu vida por hacer placida la mía…no tiene que ser así. Es hora de que busques a ese Peter Pan que un día te hizo volar como a Wendy. En cierto modo has sido como mi hermana mayor, Wendy. No renuncies a tus sueños pues en el fondo eres una niña como yo, necesitas sentirte viva…ahora que campanita me espolvoreo con polvos mágicos y empiezo a volar…abre tu ventana y deja que tus deseos te devuelvan la vida que te has privado por nosotros…es hora de que seas feliz…si tu lo eres yo lo seré…si estas triste yo llorare contigo. Procura no hacerme llorar mucho en el futuro y vive como Wendy siempre deseo…forma parte de ti.
PD: Roberto me mola es muy simpático y me hace reír, jajajjajajaj
Madre e hija se fundieron en un abrazo y sus lagrimas humedecieron sus mejillas…su hija había dado el salto y su madre la recibía con los brazos abiertos. A veces los hijos nos enseñan cosas que nos hemos cegado con el tiempo…
La ilusión es el motor del corazón. Puede pararlo o puede hacer que lata como cuando eras niño. Si no probamos nunca lo sabremos. Cojámonos la mano de Peter Pan y volemos al mundo de nunca jamás.
Dedicado a ti, esa persona que a veces vuela como Wendy.
AUTOR: SANTIAGO MOJICA
DERECHOS RESERVADOS DE AUTOR
RELATO AÑO 2012.
IMAGEN DE LA RED
