Adentrado en el bosque
donde el otoño desnudó las hojas
se abren las puertas de un cielo
rasgado el cristal oscuro
caen las estrellas estrepitosas.
No queman
no arden
no pertenecen a esta tierra.
Allí busco la senda,
crujen mis pies sobre la tierra.
La noche no desorienta
cuando hay luna llena.
Hay un lugar oculto
una puerta entreabierta
el sonido del tumulto
y la luz de la hoguera.
Aquelarre de cuerpos.
Danzan al dios de la guerra.
No hay orden
nadie quiere perderse la fiesta
escaparates de egos
risas de polvera.
El bosque se vuelve asfalto
y los árboles edificios.
El cielo rojizo
tapó la boca a la estratosfera.
Santi. M.
Oct2015
Oct2015